22 setiembre 2006

Mi papá en mis sueños

Ufff.... Después de tiempo se me ocurre escribir algo. Tenía pensado cuando abrí este blog pues hablar de lo malos peruanos que seríamos si en vez de Lulú, Alan pasaba a segunda vuelta. Pero ya no tiene caso. Plop.
Pasando a otro plano, leí un blog hoy, de Laura, sobre su pensamiento o idea de no ser conocida gracias a algún referente familiar (en su caso, la tía de...). Me parece bien eso de hacerse una referencia familiar, ya que uno debe trabajar por hacerse una referencia propia, pero personalmente, a mi todavía me agrada que digan "la hijita de Don Julio L." (Q.E.P.D.).
Mi papá era una persona muy cumplida en lo que a puntualidad y fechas se trataba, pegado a lo que decía la ley (como buen Contador que era), y muy ordenado para sus cuentas. Por él fue que me animé a estudiar Contabilidad, porque me dijo él, "la contabilidad es bonita cuando está todo en orden". Cierto, muy cierto papá. Nomás que algunos no se dejan ordenar o arman tal caos que para que te cuento.
Cuando él enfermó por última vez, yo estaba embarazada de mi segundo hijito; por no pasarle mi angustia y mi pena al bebe traté de no llorar (mucho, pero lo conseguí apenas) durante el tiempo que estuvo internado mi papá, y tampoco cuando me dijeron que había que ir al hospital ese sábado a las ocho de la mañana. Recibí la noticia, lloré un poco, y me dijeron que no lo haga porque el bebe iba a sufrir conmigo. Justo ese día cumplía cuatro meses de embarazo. Y entonces, reprimí mis ganas de llorar, pensando en que por lo menos, ya había dejado de sufrir, porque verlo así como estaba en el último mes fue la cosa más dura y terrible que le puede pasar a cualquier hijo que quiera a sus padres. Como dije, reprimí mis ganas de llorar por el bien de mi hijito. Pero a veces pienso que debí llorarlo, y mucho.
Desde que murió, pocas veces he soñado con mi padre. Un día lo soñé cuando estaba joven, como veinte años atrás. Otra, no recuerdo bien, pero estábamos conversando sobre algunas cosas que yo debía hacer. La otra, no la recuerdo bien. Y ayer... ayer soñé con mi papá de nuevo. Lo ví sentado juntos a otros señores, ancianitos como él (bueno, ya, de la tercera edad), en las últimas bancas de nuestra parroquia a la que él iba a escuchar misa. Y me acerqué a él. Conversaba con los demás algo raro (sobre a qué hora debían ir a presentarse con el dueño del cementerio o algo así). Tenía puesto un terno, y un bastón en una mano. Lo ví y me acerqué. En mis sueños, ya sabía que estaba muerto, pero igual, fui hacia él, le agarre la manito, le dije "Hola papá", y de frente le pregunté por algo que estoy buscando (mis diplomas de la universidad). Me contestó, aunque a estas alturas no estoy haciendo memoria y la verdad no recuerdo qué michi me dijo. Pero la voz con la que me habló era similar al último día que estuve acompañándolo: entrecortada, como si le faltara el aire... Pucha... Sentí una opresión, una pena, le dije "Papi, yo te quiero, te extraño mucho, no te vayas...", y sentí que comenzaba a llorar mientras miraba a mi papá. Me desperté y ví a mi esposo, sentado, trabajando en su mac, yo seguía quieta, con los ojos abiertos, me dí cuenta que era un sueño nomás, y comencé a llorar. Sin ruidos, sin escándalo, pero las lágrimas se me caían, sólo dije "papá", y seguía llorando. Minutos después mi esposo se dió cuenta no sé cómo de que algo me pasaba (qué cara tendría yo), me preguntó que tenía, le conté que soñé con mi papá, y empezó a consolarme. Me doy cuenta ahora que no lo tengo que de verdad me hace falta mi viejo, a quien yo quería mucho, pero por cosas de mi naturaleza media hosca a veces, nunca fuí muy demostrativa con él, yo no soy (a veces) de exteriorizar mucho mis sentimientos positivos, puedo ver una película que hace llorar a medio mundo, y yo, me las aguanto "como macho". No era como la Negra, que se acercaba a él y le decía "¡mi papito lindo precioso!" y le acariciaba la cara y lo abrazaba, mientras yo le decía bromeando e imitando a mi papá "¡No tengo plata!".
No, nunca fuí muy demostrativa, me costaba mucho, creo que de niña no era así, si hasta salía a recibirlo cuando estaba de vacaciones, lo esperaba por las tardes y corría a su encuentro contenta, hasta que un día creo que venía medio molesto y se achoró conmigo porque mucho estaba saltando alrededor de él (ahora sé de dónde me viene lo malagracia, o sea, lo malagracia con mi hija).
Bueno. Como le dije alguna vez a Rafix, uno de mis patas, aunque suene a trillado y hasta sentimental: Si tienen todavía a sus padres vivos, y de verdad lo aprecian, díganselo, no esperen como yo, a que se les vaya de este mundo, para esperar verlo en un sueño y decírselo, es muy triste, no saben cuánto me duele darme cuenta de que ya no tengo a mi viejo conmigo, aunque fuera renegón conmigo (bueno, yo salí como él, renegona), claro, cuando no me portaba bien (pero si yo soy una angelita, jeje), bueno, como madre trato de entender por qué me cuidaba tanto, porque resulta que para los padres los hijos nunca crecemos, o sea, tal vez sí de tamaño, pero a veces no nos damos cuenta de que también les (nos) crece la mente, comienzan (comenzamos) a pensar por sí solos (me pasa con mi hija a veces, porque yo la dejo ser muy independiente, espero nomás que no se me pase la mano).
En resumidas cuentas: Quieran mucho a sus padres, uno nunca sabe hasta cuando dura la vida propia ni la ajena, así que todavía estamos a tiempo. Digo estamos, porque aún tengo a mi mamá, quién no se explica por que soy tan autoritaria (cosa rara ¿no?) con mi hija. En fin.
P.D. Sólo por si acaso, cuando dije arriba "y de verdad lo aprecian", me refería a que si de verdad le tienen cariño a sus padres, puede ser que no sea el caso, porque nunca falta un engendro que se hace el tarado y deja abandonado a los hijos como si de aire se van a alimentar... Pero bueno, al final, padre es el que cría, no el que engendra.